lunes, 8 de noviembre de 2010

Una taza de café...

"Es necesario siempre esperar cuando se está desesperado,
y dudar cuando se espera."
(Gustave Flaubert)


Dirigí rápidamente mis pasos hacia una mesa próxima a la ventana, me deje caer sobre el asiento, mi cabeza oscilo levemente hacia atrás y mi vista se vio entonces atraída por el ir y venir de la gente, el monótono transitar de los vehículos, la forma en que la luz dorada de una mediana tarde se iba deslizando lentamente sobre las cosas, y todo ello en un absoluto silencio, como en una película muda la vida transcurría al otro lado de la ventana, como si la vida estuviera en otra parte.

No tardo la camarera en depositar frente a mí una taza llena hasta los bordes de un café amargo y aromático que sin embargo me contente con remover lentamente con la cuchara
tan solo porque me producía nervios su quieta superficie y el humo lento que de ella se desprendía.
Y entonces espere a que las manecillas del reloj se detuvieran en los números que habíamos fijado y me contentaba con observar por la ventana con la esperanza de verla llegar en cualquier momento a pesar de que la tarde aún no moría y el tiempo se movía lentamente sobre mí.
Ella vendría, lo había prometido.

Los rostros de los clientes a mi alrededor fueron cambiando a intervalos regulares y con ellos sus voces y sus risas, y el café permanecía frío en la taza y yo me empeñaba en justificar de mil formas su retraso, con un ojo pendiente de la ventana y otro de la puerta, con el corazón listo para el sobresalto...

Ya no había luz allá fuera, apenas las farolas titilan entre las sombras como luciérnagas petrificadas, el local se ha quedado solo, la mayoría de sus luces han sido apagadas ,menos la mía y entonces entiendo que es una muestra de deferencia, como para no ahondar en mi herida. Ella no vino, debo aceptar por mucho que me cueste que no vendrá...

Deposite un arrugado billete al lado de la taza y al momento de levantarme algo cayó de mí e hizo salpicar el frío café sobre el mantel, de pronto me sentí tan vacío que solo pude pensar en mi alma... se había desprendido como un fruto maduro, tan pequeña era que podía ahogarse en una abandonada taza de café.

Y entonces encamine mis cansados pasos hacia la puerta donde la camarera esperaba con la charola entre los brazos y una mirada conmovida que por bienintencionada me resultaba dolorosa; me entrego el abrigo y el sombrero, al ponérmelos y contemplarme en el espejo reparo en mis canas, en mis arrugas, en la bruma que empieza a velar mis ojos, en lo inclemente que ha sido conmigo el paso del tiempo...

Salgo a la calle, me estremezco a causa del frío que empiezo a sospechar me viene de adentro, por tonto que parezca, por más que a mi mismo me lo recrimine, mañana volveré a sentarme en la misma mesa, a la par de la misma ventana, con una taza de café que no me atreveré a tocar, y veré pasar la felicidad de otros a la espera de que ella finalmente venga porque ella es dueña de la mía... tal y como hice ayer, hoy, tal y como vengo haciendo desde hace más de treinta años...

Opression, fotografía de Fabio Alonso.

2 comentarios:

Eb dijo...

Muy bueno!
Tristeza y melancolía desbordando de la punta de tu lapicera como siempre, pero con un final de esperanza grande.
Me gusta ya deberias de ir pensando en caratula y a quien va dedicado el libro Franz.

Erick Benitez

Eb dijo...

Es mas aun hay días que me siento en esa mesa con un café y miro por la ventana esperando que pase...