"No habrá pasado más que eso. Es todo lo suyo. Antes no hubo nada; y no hay después"(Georges Simenon)
Me vi obligado a hacer a un lado mi talante taciturno, me vi obligado a vestirme de galas y a ser arrastrado contra mi voluntad a la calle por los amigos que se negaron a aceptar un no por respuesta, era preciso probar la vida, alegaron, fui arrojado entonces sin mayores consideraciones entre la colorida y exhuberante muchedumbre que ocupaba bulevares y avenidas, se saturo mi olfato del olor de los perfumes, del acre olor del sudor y la pobredumbre; se saturaron mis oídos de música, risas y palabras entrecortadas; mis ojos de colores, de hermosura y fealdad...
Me aferre entonces al anonimato que me proporcionaban máscara y capa para paulatinamente irme apartando de mis propios conocidos, deambule entonces ajeno e indiferente a lo que a mi alrededor sucedía, vague sin rumbo entre la vorágine de la fiesta... tal vez deba corregirme, tal vez no... aún me cuesta convencerme que fue una mera cuestión de azar.
Perdido como estaba en mis propias ensoñaciones resulta inexplicable, pero sucedió todo en un segundo, yo, impermeable a todo lo que me rodeaba fui plenamente consciente de una silueta apenas entrevista, de un aroma sumamente tenue, un murmullo casi inaudible, un contacto casi imperceptible con la calidez de otra piel, me detuve en seco , levante la mirada, estuve a punto de sentirme desesperado si no hubiera sido porque de pronto me sacudió la convicción de que lo que buscaba se alejaba de mí en una determinada dirección, me empeñe entonces en correr y empujar con violencia a quienes se interponían en mi camino.
Me encontré algunas horas después sentado en una fría banca en medio de una pequeña plaza abandonada por los festejos, me contentaba con rodear con los brazos mis rodillas y recuperarme de mi infructuosa persecución, la había perseguido con denuedo, por momentos había estado tan cerca que casi habría podido rozar con los dedos la curvatura de su hombro, tan cerca y por alguna razón, a un mismo tiempo, tan lejos que ni siquiera podía medir la distancia que de ella me separaba.
Surgió entonces de las sombras y se sentó a mi lado, el color de los ojos y el cabello era indefinible, a pesar de que sus rasgos al igual que los míos se escondían tras una careta, no me quedo la mas ínfima duda de que no la había conocido antes de esa noche, y sin embargo era como si la conociera desde antes, desde siempre.
Apuramos el tiempo que nos separaba del alba entre palabras y silencios, y a veces me parece que esas pocas horas duraron milenios, algunas otras veces tengo la impresión que apenas duraron un instante... no nos tomamos de las manos, no nos besamos, ni siquiera intercambiamos nuestros nombres, no era necesario.
Cuando los primeros rayos de un sol frío y ceniciento tocaron la tierra, ella se marcho sin decir nada, ambos sabíamos que no volveríamos a encontrarnos, que no había un después, un futuro... eso lo sabíamos desde antes, desde siempre.
Aún así, despedirse... no era necesario.
Bajo la Careta, Fotografía de Yu Yu
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