"Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso ciertamente no resulta tan sencillo."(Aristóteles)
Era un día sumamente caluroso, lo decían los termómetros, la incapacidad de los ventiladores, las gotas de sudor que reaparecían sin importar cuantas veces se las sacudiera con el dorso de la mano, Alec había optado por subir los pies al escritorio e inclinar hacia atrás la silla, aflojarse la corbata, arrojar lejos de si la chaqueta y arremangarse la camisa, fija la mirada en el techo mientras la mano sacude desganadamente un expediente a modo de improvisado abanico.
No sucede nada, como si no bastará con el calor hay que lidiar también con el tedio, Alec se sorprende entonces así mismo añorando las calles, no es que como policía viviera día a día con la adrenalina a cien, la apacible vida de la ciudad no brindaba tal posibilidad de aventuras, tal y como se apreciaba en las series de televisión, pero ciertamente era mas divertido patrullar calles que sentarse tras un escritorio a la espera de un verdadero caso... a veces sopesaba seriamente la posibilidad de pedir un traslado, pero siempre se acababa imponiendo la comodidad y la dignidad que conllevaba aparejada la distinción de detective y la posibilidad de una carrera mas emocionante queda aparcada hasta el próximo episodio de aburrimiento crónico.
Mikel ha entrado a la oficina mientras tanto y se deja caer pesadamente sobre su silla, los ojos han quedado velados por el destello que a los lentes arranca un inoportuno rayo de sol que se cuela por la ventana, pero se adivina en la comisura de los labios que aún conserva el enojo en el cuerpo, ha estado del mismo animo toda la mañana, la primera e inevitable discusión de casados... ya sea para disculparse o tal vez porque ha encontrado nuevos argumentos a su favor ha persistido en llamar una y otra vez a casa sin que su esposa se avenga a contestar el teléfono.
Y de esa forma, mientras uno medita si vivir tranquilamente la vida o acercarse al ideal de lo que en verdad quisiera ser; y el otro razona seriamente en que es imposible el vivir con o sin mujeres, ambos se verán sorprendidos por unos golpes apurados en la puerta y la brusca irrupción del comisario, que con mucho orgullo anunciará:
- Señores... tenemos un caso.
Antes de darse cuenta se encuentran en la sala de interrogatorios, ambos se sienten nerviosos, saben que tras el vidrio polarizado aguardan expectantes superiores y subordinados que con toda seguridad esperan una excelente puesta en escena, después de todo la ciudad es tan tranquila que son contadas las ocasiones en las cuales se puede jugar al interrogatorio, conscientes de someterse a una crítica evaluación terminan por sentarse.
Al otro lado de la mesa se sienta un hombre de mirada huidiza, los dedos le tiemblan al sostener el cigarro al cual da frenéticas y constantes caladas, un sujeto nervioso y a una primera impresión inofensivo... pero es el mismo quien se ha entregado aduciendo haber cometido un crimen del cual el mismo se siente horrorizado, nada más ha dicho desde entonces.
Mikel, quien en un primer momento se había mostrado el mas emocionado, ha perdido repentinamente todo interés en el asunto ante la sola visión del sospechoso, Alec en cambio no planea darse por vencido, al menos no sin darle la oportunidad al amasijo de nervios que ante él se sienta de demostrar que la maldad puede venir en cualquier tipo de frasco.
- Si pudiera brindarnos mas detalles en cuanto a las razones que lo han convencido de entregarse Señor B...
Alec se sintió muy contento consigo mismo, se dijo que ni siquiera ensayándolo podría haberlo hecho de mejor forma, y tal vez el sospechoso se hubiera llevado una buena impresión de esas palabras iniciales, no tardo en apartar el cigarro de los labios y hablar.
Hablo entonces de su tendencia a la ira, de la prescripción de fármacos, de las sesiones, del constante ejercicio de liberar la tensión a través de la imaginación...
- He alcanzado la fase de supresión de calmantes, aduje que no estaba listo, que aun los necesitaba... pero no quisieron hacerme caso...
La sonrisa de Alec aun se sostenía pero por dentro maldecía su suerte, Mikel se sostenía la barbilla con una mano mientras con la otra sostenía su teléfono móvil con la esperanza de recibir una llamada de un momento a otro, ambos coincidieron sin saberlo en pensar que los espectadores seguramente se reían de lo lindo con el "gran caso" que tenían entre manos.
- Me di cuenta, la sentía vibrar dentro de mí, la furia, de tal magnitud y con tal intensidad que se me hizo necesario liberarla a como diera lugar, entonces se me atravesó esta camioneta azul de la nada, de esos modelos familiares...
Mikel que escucha solo a medias piensa entonces que toda la discusión con su esposa se inicio a causa del estúpido color de la camioneta, a él le gusta tal y como esta, es una bonita tonalidad de gris metálico, no hay razones para pintarla nuevamente.
- La perseguí entonces, en un principio solo pensé en darle un susto, pero eso no me resulto suficiente... reduje la distancia y empecé a golpear su vehículo con el mío, cada vez mas fuerte...
Alec se ve de pronto así mismo arrastrado en la cadencia del relato, no a vuelto ha decir nada desde que invito al sospechoso a hablar, y si bien está colaborando, lo hace de tal forma que tanto su presencia como la de Mikel resultan innecesarias... ¡Se trata de un interrogatorio y no de una confesión de iglesia por Dios!
-Me puse a la par suya, la camioneta la conducía una mujer, muy bonita, sus ojos asustados eran del color de las avellanas, sus cabellos ondulados de un castaño muy claro...
Mikel se encuentra repentinamente pendiente de todo lo que dice el sospechoso, siente de pronto la boca pastosa y una incómoda angustia, lo acecha un mal presentimiento que en vano intenta ahuyentar.
-Entonces, ni yo se bien porque lo hice, gire el timón para golpear el costado del vehículo: una, dos, tres veces... todas las que resultaron necesarias para sacar al vehículo del camino, la observe intentar desesperadamente maniobrar el vehículo cuando se deslizaba por la ladera, incapaz de hacerlo acabó por estrellarse contra una pared... Estoy tan arrepentido...
Mientras contaba todo esto su voz parecía próxima a quebrarse, Alec, sorprendido por todo el cariz que había tomado el asunto solo alcanzo a preguntar:
-¿La auxilio de alguna forma? ¿Dio parte a algún servicio de emergencia? ¿La identifico?
- Ella ya estaba muerta... su tarjeta de identificación decía que se llamaba Lisa, la placa del vehículo iniciaba con 7410...
No termino la frase, lo primero que cayó al suelo fue el teléfono móvil, a continuación fue la silla, Mikel en un abrir y cerrar de ojos se había incorporado y llevado la mano hacia el costado izquierdo.
Después todo ocurrió al unísono y quizás por ello mismo todo resulto distorsionado, así el estruendo ensordecedor de los disparos dejo tras de sí un eco prolongado, el sospechoso se vio impulsado violentamente hacia atrás, la sorpresa en la mirada y en la boca que se abría completamente sin proferir sonido alguno, todo de forma muy lenta, como a cámara lenta...
Alec permanecía petrificado en su asiento, las pupilas dilatadas, la cara salpicada de sangre, el acre olor de la pólvora llenaba el aire, y él temblaba incontrolablemente... no se movió cuando los demás irrumpieron en la habitación para someter por la fuerza a Mikel que en vano forcejeaba para llevarse el cañón de la pistola a la sien.
Se escucho entonces el sonido mas inesperado, un peculiar timbre de teléfono, fue hasta ese momento en que Alec volvió en sí mismo y recogió el teléfono móvil que sonaba insistentemente, una y otra vez mientras la palabra "casa" aparecía en la pantalla.
Alec se dispuso a contestar la llamada...
Martín Stranka, Fotografía por Vander
1 comentario:
Un relato con final pendiente o a la imaginacion muy buena la idea trama y redaccion.
va mejorando la cosa le vass sintiendo el sabor a este tipo de relatos-
Me gusta por un momento llegue a pensar 4 finales distintos
saludos
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