sábado, 27 de noviembre de 2010

Bruja

Pertenezco al Santo Oficio, y a su causa he entregado mi vida.

Al servicio de Dios he escuchado confesar las peores atrocidades bajo los más atroces instrumentos de tortura, como Notario del secreto he sido el encargado de recoger cada confesión arrancada mediante la crueldad, único medio del que disponemos para extirpar la maldad del corazón humano.

Para gloria de su causa y desgracia de la mía, Dios Nuestro Señor me ha hecho capaz de recrear con una sola palabra la visión de los más horrendos aquelarres, de sus rituales malditos... y ante tales visiones mi corazón se ha mantenido incólume, firme mi mano sobre el pergamino a pesar de que con ella registro las promesas y seducciones del maligno, y mi fe nunca había experimentado duda...

Acompañando a Fray Bernardo de Cire, Inquisidor General, y a la vez mentor y valedor del "don" que antes he referido, nos detuvimos en Vagny, población a mitad de camino de su natal ciudad de Cire, la voluntad de Dios quiso en su infinita sabiduría que nuestra temporal estancia en dicho poblado se prolongara.

No dudo que la fama de mi mentor nos haya precedido y en razón de la misma los aldeanos hayan aprovechado su visita para señalar con dedo acusador a todos aquellos sospechosos de haber extraviado el camino, hombres y mujeres de diversas edades fueron puestos entonces a nuestra disposición, a todos ellos les basto con las amables y suaves palabras de Fray Bernardo (y la velada amenaza de tortura que bajo las mismas subyacía) para abjurar de su desvío, para una sola persona dichas palabras no fueron suficientes, al llegarle el momento de declarar en vez de arrepentimiento solo hubo de su parte un silencio prolongado, cometí entonces el error de levantar la vista del pergamino para observar a quien con altivez persistía en su extravío, de sobra se me había advertido que para perderse basta un instante, mis ojos se posaron entonces en una joven de singular belleza a pesar de sus cabellos enmarañados y los andrajos que llevaba por vestidos, en su rostro sucio refulgían unos verdes ojos llenos de orgullo y fiereza como no había visto antes.

Era una mujer que había venido de ninguna parte, que no contaba siquiera con un nombre y acostumbraba a rondar las afueras del poblado, rápidamente se extendió el rumor relativo a su indómita belleza, no era de extrañar entonces que su condición de abandono y su carácter arisco fuera suficiente fuelle para inflamar la tentación, apenas un día antes de nuestra llegada fue sorprendida en brazos del más prominente ciudadano, el Señor de R.... quien encontrado en falta no tardo en acusar a la joven de haberlo seducido mediante prácticas maléficas, a su testimonio entonces no le falto el apoyo de sus esbirros y sus clientes, se le acuso de poder leer las intrincadas líneas de las manos, de la muerte de ganado, y del diabólico conocimiento de las plantas, todos elementos suficientes para acusarla de brujería.

Al día siguiente se impusieron las penitencias, y para ella hubo necesidad de instaurar los crueles medios...

Me había hecho la solemne promesa de no volver a levantar la vista, de mantener dispuesto únicamente el oído para recoger su voz pidiendo clemencia, era una medida primordial de resguardo, mis superiores me habían indicado desde un principio que para hacer mi labor debidamente debía prescindir de la vista, fijarla de principio a fin en la superficie del pergamino, el oído es menos susceptible a engañarse y ser conmovido. ¿Pero como cumplir con mi voto si ella no decía nada? Cuando sobre su esbelto y delicado cuello se cerró un cinturón de San Erasmo no hubo palabras, tampoco las hubo cuando su nívea espalda fue expuesta y surcada de líneas carmesíes por culpa del vil látigo o cuando sus gráciles manos fueron amarradas a los brazo de la silla de interrogatorio... ¿Comó explicar lo que sintió entonces mi corazón? ¿De dónde venía el repentino deseo de escucharla pedir perdón o quebrarse definitivamente bajo el tormento para no prolongar ni un minuto más todo aquel sufrimiento?

No cejo ella en el empeño de mantener su silencio, y no cejo el inquisidor en su deseo de romper su resistencia, mientras tanto rogaba a Dios me privará de la vista dado que no había nada que escuchar y yo era incapaz hasta de cerrar los ojos... pero Dios desoyó mis plegarias.

Finalmente, movido por piedad o por el despecho de verse superado, Fray Bernardo la condeno a morir en la hoguera y fijo el auto de fe para dentro de dos días, inicialmente supuse que la simple terminación de la tortura le devolvería la paz a mi corazón, supuse que lo mío era mera piedad, pero no fue así. El saberla irremediablemente condenada acabo de hundirme en una desesperación que no alcanzaba a explicar.

Decidido, imprudente y desesperado, todo a un mismo tiempo, esa noche hice algo que nunca hubiera imaginado, valiéndome de mis prerrogativas llegue hasta su calabozo, nunca antes había encontrado tan cruel el sonido de la llave haciendo girar los pesados goznes de la cerradura, alcé el candelabro que sostenía en una mano para proyectar algo de luz en la oscura y maloliente estancia, algo en mí tembló al ver su rota y vejada anatomía hecha un ovillo en un rincón.

Me arrodille a su lado, me dirigí a ella y me sorprendió la ternura que impregnaba mi voz, incapaz de contenerme incluso una de mis manos se poso sobre el enmarañado cabello, sus párpados se abrieron y el verde de sus ojos refulgió nuevamente, apenas por un instante, el tiempo que le llevo apoyarse desesperadamente contra la pared como buscando atravesarla, en sus ojos ya no había orgullo, se había agotado por completo, estaba seguro que le había durado justamente lo suficiente como para soportar la tortura, de la desesperación del animal acorralado solo quedaba el miedo, ella me tenía miedo. Deposite lentamente el candelabro en el suelo, eche atrás la capucha que me cubría la cabeza y ante sus ojos asustados eleve mis manos con toda la intención de hacerla comprender que no había de temer daño de mi parte, desconociendo si ella podía entenderme (ni siquiera estaba seguro que ella pudiera hablar) le expuse por palabras y gestos mis intenciones de ayudarla a escapar.

Pareció comprenderme pero se negó, movió rotundamente la cabeza, supuse entonces que le producía temor el huir sola o tal vez temiera en todo ello una trampa. No lo pensé dos veces, fue una declaración que surgió de mis labios sin que en ella mediará la razón, solo dominada por el sentimiento.

- Yo iré contigo, muy lejos, donde no nos encuentren...

Me miro fijamente y entonces una de sus manos apreso una de las mías, me estremecí al contacto de su lacerada piel, un gemido acudió a mi garganta de pura tristeza al sentir las heridas aún abiertas, ella pareció no notarlo, a la escasa luz de las velas le dio vuelta a mi mano y estudio con atención la palma de la misma, negó nuevamente con la cabeza y volvió a mirarme, de sus labios aún quemados por la limpieza de alma surgieron entonces a borbotones algunas palabras en una voz cavernosa a causa de las quemaduras.

- N... n... no st.... stam... s dsti...nad... s... noe... nnn.. st viddd.....

"No estamos destinados en esta vida" esas fueron las palabras pronunciadas mediante dolor y esfuerzo. Se apartó y volvió a apoyarse en la pared, la mirada ya apagada y cansada. Insistí en mi ruego pero ella volvió a negar una vez más, volvió a hablar pero entre todos sus barboteos no alcance a distinguir nada más.

Me levante entonces entristecido por mi incapacidad, convencido que mis palabras no tendrían éxito donde el látigo y los demás implementos de tortura habían fracasado, ya en mi celda fui incapaz de dormir... tan solo intentaba salvar un alma, es lo que me repetía una y otra vez, pero al no poder convencerme a mí mismo implore a los cielos por ayuda.

Al despuntar el día me dirigí con pasos presurosos hasta la celda de Fray Bernardo, el rostro oculto por la capucha y las manos en las mangas del habito, había decidido buscar consuelo, confesar, sí, yo acostumbrado a escuchar los más oscuros secretos me veía ahora en necesidad de exponer los míos, toque a la puerta de mi mentor esperando escuchar su voz invitándome a pasar, tenía por costumbre dedicar las primeras horas de la mañana a ferviente oración, no hubo respuesta a mi llamado, del otro lado de la madera reinaba el más puro silencio, abrí entonces la puerta seriamente alarmado, él se encontraba tendido sobre el camastro cual largo era, las manos cruzadas sobre el pecho sosteniendo un rosario de cuentas, las pobladas y severas cejas inmóviles y una beatifica sonrisa que nunca había visto antes en sus labios, me deje caer de rodillas al comprenderme de pronto abandonado, tal vez para siempre perdido, fue lo único que pude pensar.

Me horrorice horas después de mi egoísmo, el hombre que me había tomado bajo su protección había muerto y yo no podía pensar más que en mí mismo, me mantuve apartado mientras los monjes que nos habían brindado hospedaje preparaban el cuerpo para las exequias, nadie me importuno, respetaron el vacío que se había levantado a mi alrededor, asumo que veían en ello mi forma de sobrellevar el dolor que me causaba tan irreparable pérdida.

Completamente desesperado... llegué a creer que ella efectivamente me había embrujado, que mis padecimientos desaparecerían con el purificador fuego que habría de consumirla
.

Las campanas tocaron el réquiem, muerto mi mentor, me tocaría presidir el Auto particular de Fe del siguiente día, asumir un papel que en importancia solo era igualado por el del reo de muerte.

Tal vez esta fuera la respuesta que había implorado a los cielos.

Pero el hombre guarda dentro de sí de la semilla de la sedición, tal vez fuera residuo del fruto probado en el jardín del edén, no lo sé, pero puse cuanto estaba de mi parte para evitar el designio divino.

Respaldado por mis nuevas potestades lo podía todo menos revocar la sentencia que mi antecesor había dispuesto... aún así esa noche volví a presentarme en el calabozo, ella parecía ocupar el mismo espacio de la noche anterior, como si en las mas de veinticuatro horas que habían transcurrido no se hubiera movido un solo centímetro, volví a hablarle (pero esta vez me guarde de demostrar ternura o de acariciar sus cabellos, no podía permitirmelo) y cuando ella abrió los ojos me pareció que el verde había palidecido aún más con respecto a la víspera, se incorporo lentamente y en ella ya no había sorpresa, ni siquiera miedo, solo indiferencia. Comprendí entonces su negativa a escapar, no importaba donde fuera no sería la misma, a cada segundo que pasaba se iba desmoronando, habíamos quebrado la vitalidad que la animaba, habíamos roto su espíritu.

Deposite entonces sin decir nada el cuenco de comida ante ella y me retire confiado en que (Dios me perdone) el veneno nos traería paz a ambos.

Pase la noche en vela, iba de un extremo a otro de mi celda, intentaba musitar mis oraciones sin lograrlo.

A la mañana siguiente se me informo desde muy temprano de los preparativos, pregunte si existía algún contratiempo en las preparaciones, esperaba ciertamente que se me anunciara su muerte, un novicio que parecía particularmente emocionado con el desarrollo de los eventos se apresuro a responder:

- No hay de qué preocuparse, no se avista la más mínima señal de tormenta, será una perfecta hoguera.

Un monje de más edad reprendió su entusiasmo y su falta de decoro al responderme, dirigiéndose hacia mi persona se limito a decir en corrección de su compañero:

- Todos los preparativos marchan a la perfección Excelencia.

Debí prever tal circunstancia, había sido demasiado iluso de mi parte confiar en una solución tan sencilla, despedí al monje joven y retuve al de más edad, revestí de toda la autoridad que pude mi voz y explique muy claramente lo que quería hiciera por mí, me miró fijamente y por un momento temí que se negara a cumplir lo que yo le había pedido, no fue el caso, se limito a inclinarse.

- Así se hará Excelencia.

Cuando me dejo finalmente a solas, desplegué el pergamino que no había tenido ocasión de utilizar, mis dedos acariciaron su impoluta piel, respire hondo y entonces me dedique a escribir, a consignar por escrito la más terrible confesión que pudiera imaginar.

El novicio tenía razón, la tarde era ciertamente maravillosa, el sol confería tonalidades rojizas a todo lo que alcanzaba, como si todo ardiera, un viento recio y seco azotaba la plaza, ocupe el estrado que por protocolo correspondía a Fray Bernardo y desde ahí contemple distraídamente como la muchedumbre abucheaba o vitoreaba según fuera su capricho a los reos reconciliados, pasee la mirada por la gente que se había aglomerado para presenciar el espectáculo, no tarde entonces en advertir en un privilegiado sitio al Señor de R... quien sin saberlo había dado origen a toda esta historia, una sonrisa acudió a mis labios al contemplarlo, de pronto hubo un revuelo entre la gente, y sin necesidad de volver la vista comprendí que ella acudía a su cita con la flama, me incorporé entonces de mi asiento y me dirigí hacia la condenada dispuesto a precipitar los eventos.

Había escrito una confesión y esa misma tarde se la había dado a un monje con el encargo expreso de entregarla lo más rápidamente posible al Santo Oficio, en ella informaba que el Demonio andaba suelto en Vagny que el origen de todo mal estaba en el Señor de R... quién con sus maléficas potestades había ocasionado la muerte de Fray Bernardo. Volví a sonreír tan solo de imaginarlo no mucho tiempo después en esta misma plaza siendo el actor principal en lugar de un mero espectador.

Ella ya estaba atada al poste cuando para extrañeza del verdugo le arrebate la antorcha y le ordene alejarse, aplique entonces el fuego a la madera y esta prendió furiosamente, escuche la exclamación asombrada de la gente que creía ver en ello un prodigio, una expresión de la divina cólera.

Las esmeraldas que Dios le había dado por ojos siguieron las evoluciones de las llamas desprovistas de miedo o resignación, casi se podría decir que las esperaba ansiosa, como si en ello viera una liberación.

Había pensado que el fuego destinado a purificarla me purificaría a mí a un mismo tiempo, y así sería...

Escuche por segunda vez la exclamación de admiración de la muchedumbre, yo, el inquisidor, había subido a la hoguera indiferente a las llamas que se aferraban a mi habito con la misma voracidad con la que habían prendido en la madera, no en vano había tenido la previsión de impregnarlo de aceite.

No tardo en envolvernos cariñosamente el fuego aniquilando al resto del mundo, sus ojos se elevaron hacia mí, alcance a adivinar como una diminuta chispa prendía en su interior, como si de pronto me hubiera comprendido sin necesidad de gestos o palabras.

Pertenezco a esta mujer, y a ella me entrego, desconozco si por propia voluntad o por embrujo, no me importa, porque si bien no estábamos destinados en esta vida, tal vez estábamos destinados desde un principio en esta muerte... y si el fuego ha de purificar y desprender nuestras almas quiero que se confundan en una sola.

Y si Dios verdaderamente es amor... sabrá perdonarnos.

Dream, Fotografía por Napalm Studios

jueves, 25 de noviembre de 2010

Furia

"Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso ciertamente no resulta tan sencillo."
(Aristóteles)

Era un día sumamente caluroso, lo decían los termómetros, la incapacidad de los ventiladores, las gotas de sudor que reaparecían sin importar cuantas veces se las sacudiera con el dorso de la mano, Alec había optado por subir los pies al escritorio e inclinar hacia atrás la silla, aflojarse la corbata, arrojar lejos de si la chaqueta y arremangarse la camisa, fija la mirada en el techo mientras la mano sacude desganadamente un expediente a modo de improvisado abanico.

No sucede nada, como si no bastará con el calor hay que lidiar también con el tedio, Alec se sorprende entonces así mismo añorando las calles, no es que como policía viviera día a día con la adrenalina a cien, la apacible vida de la ciudad no brindaba tal posibilidad de aventuras, tal y como se apreciaba en las series de televisión, pero ciertamente era mas divertido patrullar calles que sentarse tras un escritorio a la espera de un verdadero caso... a veces sopesaba seriamente la posibilidad de pedir un traslado, pero siempre se acababa imponiendo la comodidad y la dignidad que conllevaba aparejada la distinción de detective y la posibilidad de una carrera mas emocionante queda aparcada hasta el próximo episodio de aburrimiento crónico.

Mikel ha entrado a la oficina mientras tanto y se deja caer pesadamente sobre su silla, los ojos han quedado velados por el destello que a los lentes arranca un inoportuno rayo de sol que se cuela por la ventana, pero se adivina en la comisura de los labios que aún conserva el enojo en el cuerpo, ha estado del mismo animo toda la mañana, la primera e inevitable discusión de casados... ya sea para disculparse o tal vez porque ha encontrado nuevos argumentos a su favor ha persistido en llamar una y otra vez a casa sin que su esposa se avenga a contestar el teléfono.

Y de esa forma, mientras uno medita si vivir tranquilamente la vida o acercarse al ideal de lo que en verdad quisiera ser; y el otro razona seriamente en que es imposible el vivir con o sin mujeres, ambos se verán sorprendidos por unos golpes apurados en la puerta y la brusca irrupción del comisario, que con mucho orgullo anunciará:

- Señores... tenemos un caso.

Antes de darse cuenta se encuentran en la sala de interrogatorios, ambos se sienten nerviosos, saben que tras el vidrio polarizado aguardan expectantes superiores y subordinados que con toda seguridad esperan una excelente puesta en escena, después de todo la ciudad es tan tranquila que son contadas las ocasiones en las cuales se puede jugar al interrogatorio, conscientes de someterse a una crítica evaluación terminan por sentarse.

Al otro lado de la mesa se sienta un hombre de mirada huidiza, los dedos le tiemblan al sostener el cigarro al cual da frenéticas y constantes caladas, un sujeto nervioso y a una primera impresión inofensivo... pero es el mismo quien se ha entregado aduciendo haber cometido un crimen del cual el mismo se siente horrorizado, nada más ha dicho desde entonces.

Mikel, quien en un primer momento se había mostrado el mas emocionado, ha perdido repentinamente todo interés en el asunto ante la sola visión del sospechoso, Alec en cambio no planea darse por vencido, al menos no sin darle la oportunidad al amasijo de nervios que ante él se sienta de demostrar que la maldad puede venir en cualquier tipo de frasco.

- Si pudiera brindarnos mas detalles en cuanto a las razones que lo han convencido de entregarse Señor B...

Alec se sintió muy contento consigo mismo, se dijo que ni siquiera ensayándolo podría haberlo hecho de mejor forma, y tal vez el sospechoso se hubiera llevado una buena impresión de esas palabras iniciales, no tardo en apartar el cigarro de los labios y hablar.

Hablo entonces de su tendencia a la ira, de la prescripción de fármacos, de las sesiones, del constante ejercicio de liberar la tensión a través de la imaginación...

- He alcanzado la fase de supresión de calmantes, aduje que no estaba listo, que aun los necesitaba... pero no quisieron hacerme caso...

La sonrisa de Alec aun se sostenía pero por dentro maldecía su suerte, Mikel se sostenía la barbilla con una mano mientras con la otra sostenía su teléfono móvil con la esperanza de recibir una llamada de un momento a otro, ambos coincidieron sin saberlo en pensar que los espectadores seguramente se reían de lo lindo con el "gran caso" que tenían entre manos.

- Me di cuenta, la sentía vibrar dentro de mí, la furia, de tal magnitud y con tal intensidad que se me hizo necesario liberarla a como diera lugar, entonces se me atravesó esta camioneta azul de la nada, de esos modelos familiares...

Mikel que escucha solo a medias piensa entonces que toda la discusión con su esposa se inicio a causa del estúpido color de la camioneta, a él le gusta tal y como esta, es una bonita tonalidad de gris metálico, no hay razones para pintarla nuevamente.

- La perseguí entonces, en un principio solo pensé en darle un susto, pero eso no me resulto suficiente... reduje la distancia y empecé a golpear su vehículo con el mío, cada vez mas fuerte...

Alec se ve de pronto así mismo arrastrado en la cadencia del relato, no a vuelto ha decir nada desde que invito al sospechoso a hablar, y si bien está colaborando, lo hace de tal forma que tanto su presencia como la de Mikel resultan innecesarias... ¡Se trata de un interrogatorio y no de una confesión de iglesia por Dios!

-Me puse a la par suya, la camioneta la conducía una mujer, muy bonita, sus ojos asustados eran del color de las avellanas, sus cabellos ondulados de un castaño muy claro...

Mikel se encuentra repentinamente pendiente de todo lo que dice el sospechoso, siente de pronto la boca pastosa y una incómoda angustia, lo acecha un mal presentimiento que en vano intenta ahuyentar.

-Entonces, ni yo se bien porque lo hice, gire el timón para golpear el costado del vehículo: una, dos, tres veces... todas las que resultaron necesarias para sacar al vehículo del camino, la observe intentar desesperadamente maniobrar el vehículo cuando se deslizaba por la ladera, incapaz de hacerlo acabó por estrellarse contra una pared... Estoy tan arrepentido...

Mientras contaba todo esto su voz parecía próxima a quebrarse, Alec, sorprendido por todo el cariz que había tomado el asunto solo alcanzo a preguntar:

-¿La auxilio de alguna forma? ¿Dio parte a algún servicio de emergencia? ¿La identifico?

- Ella ya estaba muerta... su tarjeta de identificación decía que se llamaba Lisa, la placa del vehículo iniciaba con 7410...

No termino la frase, lo primero que cayó al suelo fue el teléfono móvil, a continuación fue la silla, Mikel en un abrir y cerrar de ojos se había incorporado y llevado la mano hacia el costado izquierdo.

Después todo ocurrió al unísono y quizás por ello mismo todo resulto distorsionado, así el estruendo ensordecedor de los disparos dejo tras de sí un eco prolongado, el sospechoso se vio impulsado violentamente hacia atrás, la sorpresa en la mirada y en la boca que se abría completamente sin proferir sonido alguno, todo de forma muy lenta, como a cámara lenta...

Alec permanecía petrificado en su asiento, las pupilas dilatadas, la cara salpicada de sangre, el acre olor de la pólvora llenaba el aire, y él temblaba incontrolablemente... no se movió cuando los demás irrumpieron en la habitación para someter por la fuerza a Mikel que en vano forcejeaba para llevarse el cañón de la pistola a la sien.

Se escucho entonces el sonido mas inesperado, un peculiar timbre de teléfono, fue hasta ese momento en que Alec volvió en sí mismo y recogió el teléfono móvil que sonaba insistentemente, una y otra vez mientras la palabra "casa" aparecía en la pantalla.

Alec se dispuso a contestar la llamada...

Martín Stranka, Fotografía por Vander

lunes, 22 de noviembre de 2010

Causa y efecto

"La muerte es solo la suerte, con una letra cambiada"
(Joaquín Sabina)

Fue apenas un instante, no más de cinco minutos, pero sucedió, a una hora tardía de la noche que ya mas bien era madrugada, las luces que velaban el sueño de la ciudad se desvanecieron en su mayoría, apenas unas pocas se volvieron una chispa trémula antes de recuperar de golpe su original brillo, tan solo eso, un repentino y fugaz momento de completa oscuridad cuando la mayoría de los relojes marcaban las dos con algunos minutos más, algunos minutos menos que si algo tiene el tiempo es esa caprichosa tendencia a ser distinto para cada uno de nosotros.

A Mateo el referido instante lo sorprende con un cigarrillo semi apagado entre los dedos, una maldición atorada entre los dientes y los labios, había contemplado con estupor como la pantalla del ordenador se volvía repentinamente negra, recordó entonces que el regulador de voltaje llevaba algún tiempo anunciando estar más allá de lo que por vida útil entienden dichos artefactos. Al restablecerse la energía eléctrica se apresuro a encender nuevamente al ordenador, agoto desde la suplica hasta el cruzar de dedos... todo sin resultado, con el repentino corte se habían perdido parte de su trabajo, lamento entonces la manía de deshabilitar la función de auto guardado, máxime cuando se habían perdido las paginas finales, las mas importantes, las que por alguna absurda casualidad habían sido resultado de un arranque de inspiración. Como por arte de magia la maldición atorada entre los labios se soltó y resonó como una agresiva letanía mientras sus dedos martillaban el teclado y su memoria intentaba reconstruir bien que mal los párrafos perdidos, tratando de repetir lo que tal vez fuera irrepetible solo alcanzo a preguntarse si el tiempo que restaba le sería suficiente.

Rebeca permanece a oscuras en su habitación, en su casa, en otra parte de la ciudad, había optado por apagar las luces para no incurrir en recriminaciones, para hacer parecer que dormía plácidamente, para no llamar la atención, por eso había llorado lo mas calladamente posible hasta cansarse, ahora permanecía sentada sobre la cama, la espalda apoyada contra la pared, los ojos irritados y expectantes fijos en el oscuro techo, el auricular inalámbrico del teléfono descansa en el espacio que queda entre el pecho y las rodillas, como a la espera que el repentino vibrar del mismo pueda reactivar los latidos del corazón que siente cada vez mas lento de pura tristeza; se imagina entonces lo peor, él no ha llamado y ello mismo implica indudablemente el abandono.

Unos pequeños trazos rojos persisten en apagarse y encenderse incansablemente para formar invariablemente la cifra 12:00; Adrián duerme profundamente como muchos otros a la espera de un nuevo día.

Cuando finalmente despierte de su sueño notará que la luz que se filtra por las ventanas es demasiado cálida, volverá entonces los ojos hacia el despertador y comprenderá entonces su mala suerte, saltará prácticamente de la cama con la intención de bañarse, vestirse y alimentarse en no más de diez minutos, en menos tiempo de ser posible, calcula el retraso, lo divide entre factores tales como distancia o tráfico, con una trozo de tostada entre los dientes y la corbata a medio anudar se pondrá tras el volante de su auto planificando mentalmente la ruta mas directa y las calles menos transitadas mientras aprieta el acelerador a fondo, tal vez si va por la novena avenida...

Mentirá al decir que son para su madre y la dependiente de la farmacia no pondrá reparos en facturar el frasco de calmantes que Rebeca después de pagar con un arrugado billete deslizará al fondo del bolso donde descansan otros dos frascos similares adquiridos en otras tantas farmacias, se despedirá con una sonrisa y mientras empuja la puerta de vidrio, se encaminará hacia el parque, se dirá a sí misma que no sentirá nada, que será tan fácil como quedarse dormida.

A medias satisfecho con el resultado obtenido Mateo hace repicar los dedos sobre el volante, ha puesto la radio a todo volumen para ahuyentar el sopor que siente pesar sobre sus parpados, solo es cuestión de entregar el manuscrito y será libre de regresar a su apartamento y dormir toda la tarde si así le place, después de una noche de desvelo considera que bien lo merece, revisa por un instante la señas que el editor le ha brindado: edificio gris frente al parque al final de la quinra calle poniente.

Los diarios vespertinos hablarán más tarde de una mortal colisión de vehículos en la intersección de la novena avenida con la quinta calle poniente, y de como milagrosamente resulto ilesa la joven que en ese preciso momento cruzaba la calle...

Claridad Gris y Encajonada, Fotografía de F. H. Alonso

martes, 16 de noviembre de 2010

Carnaval

"No habrá pasado más que eso. Es todo lo suyo. Antes no hubo nada; y no hay después"
(Georges Simenon)

Me vi obligado a hacer a un lado mi talante taciturno, me vi obligado a vestirme de galas y a ser arrastrado contra mi voluntad a la calle por los amigos que se negaron a aceptar un no por respuesta, era preciso probar la vida, alegaron, fui arrojado entonces sin mayores consideraciones entre la colorida y exhuberante muchedumbre que ocupaba bulevares y avenidas, se saturo mi olfato del olor de los perfumes, del acre olor del sudor y la pobredumbre; se saturaron mis oídos de música, risas y palabras entrecortadas; mis ojos de colores, de hermosura y fealdad...

Me aferre entonces al anonimato que me proporcionaban máscara y capa para paulatinamente irme apartando de mis propios conocidos, deambule entonces ajeno e indiferente a lo que a mi alrededor sucedía, vague sin rumbo entre la vorágine de la fiesta... tal vez deba corregirme, tal vez no... aún me cuesta convencerme que fue una mera cuestión de azar.

Perdido como estaba en mis propias ensoñaciones resulta inexplicable, pero sucedió todo en un segundo, yo, impermeable a todo lo que me rodeaba fui plenamente consciente de una silueta apenas entrevista, de un aroma sumamente tenue, un murmullo casi inaudible, un contacto casi imperceptible con la calidez de otra piel, me detuve en seco , levante la mirada, estuve a punto de sentirme desesperado si no hubiera sido porque de pronto me sacudió la convicción de que lo que buscaba se alejaba de mí en una determinada dirección, me empeñe entonces en correr y empujar con violencia a quienes se interponían en mi camino.

Me encontré algunas horas después sentado en una fría banca en medio de una pequeña plaza abandonada por los festejos, me contentaba con rodear con los brazos mis rodillas y recuperarme de mi infructuosa persecución, la había perseguido con denuedo, por momentos había estado tan cerca que casi habría podido rozar con los dedos la curvatura de su hombro, tan cerca y por alguna razón, a un mismo tiempo, tan lejos que ni siquiera podía medir la distancia que de ella me separaba.

Surgió entonces de las sombras y se sentó a mi lado, el color de los ojos y el cabello era indefinible, a pesar de que sus rasgos al igual que los míos se escondían tras una careta, no me quedo la mas ínfima duda de que no la había conocido antes de esa noche, y sin embargo era como si la conociera desde antes, desde siempre.

Apuramos el tiempo que nos separaba del alba entre palabras y silencios, y a veces me parece que esas pocas horas duraron milenios, algunas otras veces tengo la impresión que apenas duraron un instante... no nos tomamos de las manos, no nos besamos, ni siquiera intercambiamos nuestros nombres, no era necesario.

Cuando los primeros rayos de un sol frío y ceniciento tocaron la tierra, ella se marcho sin decir nada, ambos sabíamos que no volveríamos a encontrarnos, que no había un después, un futuro... eso lo sabíamos desde antes, desde siempre.

Aún así, despedirse... no era necesario.

Bajo la Careta, Fotografía de Yu Yu

lunes, 8 de noviembre de 2010

Una taza de café...

"Es necesario siempre esperar cuando se está desesperado,
y dudar cuando se espera."
(Gustave Flaubert)


Dirigí rápidamente mis pasos hacia una mesa próxima a la ventana, me deje caer sobre el asiento, mi cabeza oscilo levemente hacia atrás y mi vista se vio entonces atraída por el ir y venir de la gente, el monótono transitar de los vehículos, la forma en que la luz dorada de una mediana tarde se iba deslizando lentamente sobre las cosas, y todo ello en un absoluto silencio, como en una película muda la vida transcurría al otro lado de la ventana, como si la vida estuviera en otra parte.

No tardo la camarera en depositar frente a mí una taza llena hasta los bordes de un café amargo y aromático que sin embargo me contente con remover lentamente con la cuchara
tan solo porque me producía nervios su quieta superficie y el humo lento que de ella se desprendía.
Y entonces espere a que las manecillas del reloj se detuvieran en los números que habíamos fijado y me contentaba con observar por la ventana con la esperanza de verla llegar en cualquier momento a pesar de que la tarde aún no moría y el tiempo se movía lentamente sobre mí.
Ella vendría, lo había prometido.

Los rostros de los clientes a mi alrededor fueron cambiando a intervalos regulares y con ellos sus voces y sus risas, y el café permanecía frío en la taza y yo me empeñaba en justificar de mil formas su retraso, con un ojo pendiente de la ventana y otro de la puerta, con el corazón listo para el sobresalto...

Ya no había luz allá fuera, apenas las farolas titilan entre las sombras como luciérnagas petrificadas, el local se ha quedado solo, la mayoría de sus luces han sido apagadas ,menos la mía y entonces entiendo que es una muestra de deferencia, como para no ahondar en mi herida. Ella no vino, debo aceptar por mucho que me cueste que no vendrá...

Deposite un arrugado billete al lado de la taza y al momento de levantarme algo cayó de mí e hizo salpicar el frío café sobre el mantel, de pronto me sentí tan vacío que solo pude pensar en mi alma... se había desprendido como un fruto maduro, tan pequeña era que podía ahogarse en una abandonada taza de café.

Y entonces encamine mis cansados pasos hacia la puerta donde la camarera esperaba con la charola entre los brazos y una mirada conmovida que por bienintencionada me resultaba dolorosa; me entrego el abrigo y el sombrero, al ponérmelos y contemplarme en el espejo reparo en mis canas, en mis arrugas, en la bruma que empieza a velar mis ojos, en lo inclemente que ha sido conmigo el paso del tiempo...

Salgo a la calle, me estremezco a causa del frío que empiezo a sospechar me viene de adentro, por tonto que parezca, por más que a mi mismo me lo recrimine, mañana volveré a sentarme en la misma mesa, a la par de la misma ventana, con una taza de café que no me atreveré a tocar, y veré pasar la felicidad de otros a la espera de que ella finalmente venga porque ella es dueña de la mía... tal y como hice ayer, hoy, tal y como vengo haciendo desde hace más de treinta años...

Opression, fotografía de Fabio Alonso.

domingo, 7 de noviembre de 2010

"La Broma"

Publicada en 1965, constituye la primera novela de Kundera, es la obra mas reciente que he leído y la que precisamente quiero reseñar.

Tal vez un aspecto primordial en todo libro radica en la forma en que el mismo ha sido titulado, al menos en mi caso es lo primero que capta mi atención, lo que determina y genera una expectativa en mí como lector, y entonces me encontré con este titulo "La Broma" ¿Resultaba atractivo por sí mismo? No, pero se trataba de un libro de Kundera, y siempre que se trata de un autor conocido por el lector se puede hablar de riesgos amortizados.

La novela esta ambientada en la Checoslovaquia de a mediados de siglo pasado, con la instauración del régimen comunista como telón de fondo. La novela recoge dos momentos en primera instancia Ludvik, es un estudiante con un prometedor futuro dentro del partido, se maneja como mejor puede mediante el uso de máscaras (con algunos se mostrará reservado y serio y para con otros se mostrará bromista, cínico y confiado según sea el caso) y no por hipocresía como el mismo llegará a exponer sino mas bien por no sentirse aún seguro de cual es la imagen que quiere proyectar: dejandose llevar por un impulso escribe una broma en una postal que remite a una compañera y la misma genera su caída en desgracia, en vano intentará convencer a sus compañeros de que lo escrito fue una broma, su reincidencia en defenderse con dicho argumento tan solo provocará que se le acuse con mas gravedad de no tomar en serio al socialismo, se vera expulsado de la Universidad y enviado a un regimiento militar de "enemigos del pueblo" la mas completa degradación posible. Su perspectiva de cara al resto de la humanidad se verá entonces condicionada de forma negativa por ese momento en el que todos sus conocidos votaron su expulsión, cada nueva persona conocida se vera sometida a la pregunta ¿Él o Ella hubieran levantado la mano en mi contra en ese cuarto?.

La segunda parte de la novela nos muestra a Ludvik tras quince años aproximadamente, restablecido socialmente podría decirse, no deja sin embargo de alimentarse del deseo de vengarse y en cierto modo resarcirse de la injusticia contra el cometida, por lo que proyecta seducir a la esposa de quien dirigió en el pasado su remoción del partido, y es entonces que un proyecto tan ambicioso y serio redundará para mal de Ludvik en una ridícula broma...

He leído por ahí que el libro falla en cuanto a que no va mas allá de ser una crónica de la época, para mi no lo es y es precisamente lo que me facilita explicar que ha representado para mi este libro, y es entonces que el titulo resulta de lo mas acertado... ¿Quién no se ha visto expuesto a las consecuencias de una broma que no ha sido comprendida? Nuestras acciones no son interpretadas según nuestra intención sino en base a la que terceros nos atribuyen y a partir de ahí todo puede trastornarse hasta extremos inimaginados, si hasta algo tan inocente como una broma puede ser malinterpretado es simplemente porque a pesar de hablar un mismo lenguaje entre uno y otro hombre siempre existirá la posibilidad de la incomprensión... y tal vez mi comentario sea incluso demasiado optimista al hablar de una posibilidad cuando mas bien es una constante... a Nietzche me remito: "Lo que hacemos nunca es comprendido, sino elogiado o censurado".

En conclusión: Hay que tener cuidado de un mundo que puede tomarse en serio una broma, y tomarse a broma mi seriedad.

P.D. Gerardo, espero que diez años no sea demasiado tiempo para agradecerte finalmente el que me pusieras en la pista de un autor que en su momento no supe apreciar.


martes, 2 de noviembre de 2010

Reflexiones para el propio, futuro y cierto dos de Noviembre

Lo siento muy sinceramente... pero tendrás que soportar todo esta algarabía a tu alrededor con lo mucho que te gusta el silencio.
Y que decir del color de la pintura pensada para un año o tal vez más de intemperie (no sería de extrañar que no te guste).
Las flores podrán ser naturales, de papel, quizás de plástico (¿Acaso alguien recuerda tus preferencias en dicho sentido?),
Las voces planearan sobre lo que fuiste muy ocupadas en contarse todo lo referente a este presente que tú no ocupas, no te ofendas... Intenta no hacerlo aunque motivos suficientes tienes con que vengan a tomarte por mudo testigo de las penas y alegrías de una vida con la cual ya no tienes nada que ver.
Y todo eso será si eres recordado, si ese es el caso podrías verlo desde el lado amable, es solo una vez al año que recordamos que tenemos muertos.
Si por el contrario nadie te recuerda... te recuerdo que no te hacen falta ni la pintura ni las flores...

De la colección Ángeles de Muerte, fotografía de Rau Arias