"Nuestra existencia no es más que un cortocircuito de luz entre dos eternidades de oscuridad" (Vladimir Nabokov)Escribo esto sin saber a ciencia cierta si en verdad escribo, al menos así lo entiende mi pensamiento y lo cree mi memoria, a la fe tendré que remitirme ya que mis ojos ciegos (o tal vez no lo estén, pero a falta de luz no hay en ello diferencia.) no podrán distinguir de ninguna forma los trazos que a tientas dibujan mis convulsos dedos sobre la áspera (y a veces tan suave) superficie que me rodea.
No sé bien desde cuándo inició este peregrinaje (no me alcanza para tanto la memoria) un día así sin más, todo fue un completo resplandor, después una densa y cálida oscuridad de tonos rojizos, desde entonces me he sentido crecer, definirme muy lentamente hasta ser consciente de cómo bullía el pensamiento y palpitaba rítmicamente el corazón… entonces supe que era algo, que tal vez era alguien.
El túnel ya estaba ahí, lo ha estado siempre.
Más de alguna vez me he sentido tentado a recorrerlo y me ha superado el miedo de dar con ello un paso definitivo, pero sin poder impedirlo y a causa de alguna extraña inercia me siento cada vez más cerca de su entrada y me da la sensación de asomarme a un vacío que tal vez no pueda (y no quiera en modo alguno) comprender.
Pero llego el momento (la fatalidad es en sí inevitable) en que sin apenas pensarlo di un primer paso (me he arrepentido de inmediato) para trasponer el umbral, el túnel o más bien alguna fuerza viva que en él reside ha tirado violentamente de mí, me ha arrastrado y precipitado a una velocidad vertiginosa, inútil oponer resistencia, intentar aferrarme, solo entonces percibo un crudo brillo, un súbito resplandor, una inclemente luz tal y como la que para mí existió en un principio…
Como un pez fuera del agua, como un pajaro arrancado de su nido, he temblado, por el frío, un repentino olvido me cubre la memoria, he nacido, he gritado… pero mi grito se convirtió en un ininteligible llanto.
El Túnel, Fotografía de www.andalucine.com

