domingo, 22 de febrero de 2009

Paulo decide morir.

Sobre su piel se asentaba el nocturno frío, sobre sus pensamientos la extraña atracción de la gravedad, esa misma que lo invitaba a saltar, a dejarse caer desde las alturas, a emular el vertiginoso descenso de todos aquellos ángeles indignos de Dios... un humano sudor descendió por su espalda mientras sus pies dudaban en dar el paso significativo, la diferencia entre ser y dejar de serlo. Cerró los ojos y tuvo que reconocer que sentía miedo, que tal vez no estuviera del todo seguro, dio un paso atrás, se cuido de no perder el equilibrio mientras bajaba de la cornisa sin que nadie lo viera, sin que nadie hubiera notado su fallido intento. Mientras el ascensor descendía lentamente, se decía a sí mismo que podía empezar de nuevo, tal vez si alguien le diagnosticará una enfermedad terminal podría comprender el significado de la vida, vivir cada día como si fuera el último, eso era al menos lo que planeaba antes de cruzar la calle y ser embestido por un taxi que lo mato en el acto.

Words; Fotografía de: Robert Frank

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