lunes, 7 de marzo de 2011

Entre la arena y el tiempo (I Parte)


-He visto a un hombre...

Quien así hablo fue Ekade, de todos el más joven, pero había tal solemnidad en sus palabras y las mismas habían sido tan repentinas que los demás pastores no pudieron evitar callar y esperar expectantes mientras la fogata hacia crepitar la madera y la brisa que soplaba sobre la arena anunciaba que no tardaría en caer sobre ellos la fría noche.

El joven levanto entonces la mirada que hasta ese momento había mantenido fija en el fuego y sus ojos usualmente fieros y rebeldes, recorrieron con nerviosismo el rostro de sus mayores, tal vez temeroso de la burla o la censura que pudieran granjearle sus palabras pareció indeciso entre continuar o guardar el debido silencio, los tonos rojizos y naranjas que pintaban el cielo empezaban a oscurecerse.

Dailos, que era entre ellos el de mayor edad y sabiduría, acaricio con mirada pensativa la barba entrecana que le colgaba hasta medio pecho mientras con un ademán de las manos invito al joven a terminar su confidencia. Ekade, inspiro profundamente entonces y continúo con su relato.

- Lo confundí al principio con una aparición, un espejismo, tal vez una ilusión... surgió de pronto, entre las dunas, en el horizonte, apenas una oscilante figura de ropajes negros, imprecisa y difusa a causa de las columnas de vapor que de la arena se elevaban, avanzaba penosamente apoyado en un cayado...

Ekade dio un largo sorbo a la botella que entonces le ofrecieron y tras devolverla bajo nuevamente la vista y guardo un indeciso silencio.

- ¿Que paso entonces? - Le apremio uno de los pastores.

- Nada que pueda explicar con palabras sin que me creáis loco... -
respondió Ekade casi inmediatamente - desapareció sin dejar rastro... una repentina ráfaga de viento alzo un remolino de arena y bastaron los pocos segundos en los que me cubrí los ojos...

El silencio persistió aún por algunos momentos sin que nadie dijera nada al respecto, Ekade que había temido escuchar risas y reproches, casi los hubiera preferido por sobre el vacío sepulcral que parecía haberse asentado en el circulo de hombres que rodeaban la fogata.

- Tal vez un genio...

- Quizás un demonio...

- Definitivamente un espejismo, los hay que son tan reales que cualquiera podría engañarse.

Tales fueron las opiniones que aventuraron algunos al sentirse igual de incómodos con la atmósfera que de pronto los rodeaba, la conversación siguió para alivio de muchos, otros derroteros pero sin que pudiera desvanecerse del todo la funesta aparición de la que había hablado Ekade.

Apenas despuntaba el alba en el cielo cuando Dalios sacudió al joven para despertarlo de las brumas del sueño.

- Despierta. Es mucho el camino que tenemos que recorrer para llegar al campamento del norte.

Ekade que había sido incapaz de cerrar los ojos durante toda la noche se incorporo al momento y pregunto:

- ¿El campamento del norte? ¿Qué asunto nos lleva hasta ahí? ¿Que pasará con mis rebaños?

- Ubay cuidara de tus rebaños, en cuanto al norte, hay alguien a quien tienes que contarle lo que a nosotros has contado.

- Tal vez no haya sido más que un espejismo, yo creo que...

- La veracidad de lo que hayas visto o dejado de ver lo decidirá ella, ahora prepárate para partir cuanto antes y no se hable más.

Siguieron entonces las rutas más rápidas hacia el norte y tras algunos días entraron en el campamento montados sobre sus camellos, durante todo ese tiempo Dalios se negó a darle al joven mas detalles respecto al motivo e importancia del viaje, ahora, apenas puestos los pies sobre la arena le indico a Ekade que aguardará mientras él se dirigía a la tienda más grande y suntuosa del campamento.

No tardo entonces Ekade en comparecer ante Anya, la de ojos tan azules como los oasis y de quien se decía había heredado la legendaria belleza que caracterizaba a su real estirpe.

Ekade no pudo evitar sentirse avergonzado de lo basto y humilde de sus ropas, de sus toscos modales, de la total insignificancia de su persona. Estrujo entre las manos el raído gorro sin comprender que podía necesitar de él tan importante persona. Dalios tuvo que indicarle que la Princesa quería escuchar de su propia boca el relato del encuentro.

Tras algunos iniciales balbuceos el joven pudo cumplir con lo que de él se requería, la princesa lo escucho con suma atención, lo hizo repasar una y otra vez algunos puntos, aquellos que de alguna forma pudieran ayudar en la descripción del hombre que tan súbitamente había aparecido y desaparecido entre la arena.

Tal vez al verse confirmada las sospechas de la Princesa esta no pudo continuar reprimiendo el llanto que a sus ojos asomaba, aparto el rostro y dio por concluida la audiencia.

Ya montados sobre sus camellos y dejado atrás el campamento Dalios dio forma y voz a la pregunta que hasta ese momento Ekade no se había atrevido a realizar.

- El hombre que viste, en cierto modo... es tan real como lo eres tú, como lo soy yo.

La lenta y cansada voz de Dalios remonto entonces los años para darle un significado a esta historia...



Desierto, fotografía por José Joaquín Perez Soriano.

1 comentario:

Dalila Pasos dijo...

Me encanta la forma en que iniciás, y especialmente los primeros dos párrafos, además con la descripción que hacés parece que hubieras estado ahí en el desierto en medio de la fogata jaja. Y aparte el titulo Entre la arena y el tiempo se me hace llamativo como te lo he dicho ya con otros títulos, a parte que de por sí las historias en este ambiente me gustan mucho. Hasta ahorita comento, pero es que he estado en otras vueltas…ya leí la 2da parte también.